"La especulación urbanística e inmobiliaria es la principal fuente de financiación autonómica, municipal y partidaria. Es el lado oscuro de la fuerza de Madrid, Bilbao, Valencia y Barcelona, cuya cara más visible y brillante se muestra en las torres del Madrid, la cáscara del Guggenheim, los calatravas de Valencia o el falo de Aguas de Barcelona. Pero la privatización especulativa del espacio público no sólo genera espejismos urbanísticos como el barcelonés o madrileño, entre otros muchos ejemplos de ciudades-espectáculo convertidas en parques temáticos como Shanghai o Venecia, sino que también ofrece otra cara oculta mucho más miserable, violenta e inhumana. Es la destrucción pura y dura de los espacios urbanos, o su hipertrofia cancerosa y putrefacta, causada por la globalización deslocalizadora que está generando un doble movimiento de huida, abandono y desertización de los viejos cascos históricos, y su reflejo contrapuesto, allí donde proliferan ingentes megaciudades-basura hechas de chabolas donde se acumula la escoria humana expulsada de los ecosistemas rurales destruidos para hacinarse en homicidas campos de concentración urbana. Ambos procesos antitéticos, el de los espectros urbanos de las ciudades muertas y el de los despojos urbanos de las ciudades-miseria, han sido diseccionados en dos libros por el geógrafo estadounidense Mike Davis, quizás el más celebrado crítico anticapitalista de la autodestrucción urbana del presente."
Extraido del artículo "Espejismo del espacio público", de Enrique Gil Calvo (El país).
Hace algunos días iba yo en el metro, con mi música por supuesto, y me dió por mirar alrededor, por verle la cara a la gente e intentar imaginar sus vidas a través de sus miradas. Y solo ví miradas vacías, perdidas en el horizonte, dejandose llevar sin sentido ni concierto por el suburbano que nos mueve de un lado a otro de esta ciudad. Me dió la terrible sensación de que todos éramos autómatas, zombies despersonalizados agarrados a una rutina de la que ya es imposible separarnos, que todos sabemos donde acaba pero todos tememos abandonar.
Solo hay que darse una vuelta por los transportes públicos de estas ciudades muertas, reductos de la plebe no dominante, para darse cuenta de la podedumbre. De que estamos todos muertos, trozos de carne moviéndose al compás de engranajes poderosos que no vemos ni entendemos pero de los que nos es imposible escapar. Simples ladrillos entre los millones que sujetan estas moles urbanizadas, cada vez menos humanas.
Recomiendo la lectura de "La caverna", de José Saramago, para entender y sentir la aungustia en nuestras ciudades.

3 comentarios:
Y lo peor es como tú dices no podemos escapar. Pongamos nuestro caso más cercano. Estudiantes universitarios, bastantes ingenieros. Dónde va a currar un ingeniero si no es en Madrid capital? Lo tiene jodido en cualquier otro lugar. Me contaba un malagueño que estudia teleco este verano que allí el único sitio donde puedes currar es en el instituto malagueño de telecomunicaciones. Una institución creada por la junta de Andalucía. Pero toda la empresa privada del sector está en Madrid o Barcelona. No nos queda otra opción que formar parte de esa maquinaria imparable que nos absorve a todos, sin remedio ni pausa. Además, o te adaptas, o mueres.
Ahora entra mi vena optimista, lo único que nos queda es intentar buscar el reflejo positivo de estas ciudades, el que tantos momentos de diversión y felicidad nos ha creado. Vida nocturna, espectáculos y conciertos, cultura a raudales, arquitectura, historia. Y qué cojones, que mientras vivamos aquí, seguiremos reuniéndonos para tomar unas cervezas en algún bar, y echarnos unas risas.
Saludos a todos
(Perdon por la ausencia de tildes) El que escribio el articulo se quedo agusto...Buena entrada
Yo siento eso mismo aqui... y sin embargo no recuerdo haberlo sentido en Madrid con la misma intensidad... Creo que Madrid, a pesar de todo, es diferente. En París esa sensación es mucho más fuerte, de hecho parte de esa sensación que describe el artículo es lo que yo intentaba expresar el otro día en mi blog... ¿Qué mas da, un ladrillo más, que uno menos? Otro igual no tardará en ocupar su lugar... da asco, y miedo.
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