Dicen, que la angustia en cada persona es libre, pero creo que la más común a todos es la certeza de la finitud del tiempo que se nos ha concedido. Y esa consciencia es un lastre que todos acarreamos, que a veces logramos, parcialmente, olvidar o sobrepasar, pero a la que ante ciertos acontecimientos acabamos volviendo a recaer. Cumpleaños. Un aniversario. Un hecho trágico o traumático. Una mirada al pasado. Un cambio de vida. Eventos que te mueven a las clásicas preguntas: Dónde estoy, qué he hecho o conseguido, hacia donde voy... en qué he gastado mi tiempo.
Sin embargo hay otras certezas que también llegan con los años. Cosas que sospechabas ocurrirían pero nunca te atreviste a asegurar. Viejos sueños infantiles ya en su día irrealizables pero que era bonito tener y que llegado cierto momento es cuando ya te das cuenta con cruel certeza que nunca serán. Y no es el hecho de que fueras a intentar conseguirlos. Es el hecho de constatar que ya no puedes optar a ellos. Que se te ha "pasado el arroz".
A mí ya se me ocurren unos cuantos, especialmente los relativos a las capacidades físicas y deportivas. Y otros que vendrán en el futuro.